Una vieja amistad

 

A la vez que recuerda la amistad que le une desde hace mucho tiempo al Papa (Santísimo Padre, he aquí mis pensamientos de esta mañana: son siempre los mismos. ¿Recuerda cuando La Pira iba a visitar –casi todas las mañanas‒ a monseñor Montini, escuchaba la santa misa y después desayunaba con él? ¿Y de qué se hablaba? De la celeste Jerusalén. Pues seguimos en la misma órbita, sólo que aquella meditación ha descendido hasta la realidad histórica, temporal: se ha convertido en la clave para interpretar la historia presente de la Iglesia y del mundo; se ha convertido en esperanza y en fuerza de unidad y paz para los pueblos: ¡spes contra spem!), en cierta manera La Pira pone a disposición de Pablo VI el «capital» de relaciones que ha conseguido tejer gracias a su inédita interpretación del rol del alcalde (Santísimo Padre, actualmente Florencia es un «capital» al servicio de la Iglesia: una fuerza cristiana atractiva –para el Tercer Mundo y para los países socialistas‒ al servicio de la Iglesia. Y yo se la ofrezco a usted: tómela, bendígala; es un verdadero punto de fuerza y de gracia para los pueblos […]. Tómelo, es suyo: ¡igual este tejido de gracia, de esperanza, de belleza, de oración y de paz está destinado a llenar de nueva alegría y nueva paz a los pueblos de muchas partes del mundo!).