A su primo Pierino

 

 

Pierino era el hijo de su tío Luigi Occhipinti (moriría en 1960, a los 48 años). A La Pira le unían con él lazos fraternos, y no desaprovecha ninguna ocasión para invitarlo a llevar una vida laboriosa y, por encima de todo, santa.  


[…] Pierino, sé puro, vence la concupiscencia de la carne pensando en Dios, en los ángeles, en los santos; sé veraz, porque la verdad es la luz de la inteligencia; sé bondadoso, porque la bondad llena tu alma de bienes eternos; cumple con tu deber aunque sea con sacrificio, porque la vida es una misión y un sacrificio para todos; ama a Dios, porque en este amor está el manantial de la fuerza y de la pureza interiores; porque si no amas a Dios serás como las bestias que no saben ni ‒por consiguiente‒ pueden querer a Dios; ama a Jesucristo, Hijo de Dios, que murió por ti, para liberarte del pecado y para que volvieras a ser puro como un ángel […].

Haz como el hijo pródigo, regresa a la dulce y casta Casa del Padre. Y el Señor te perdonará y te devolverá la paz, la esperanza y la alegría si, tras haberte arrepentido y confesado, lo acoges de nuevo en ti. ¿Qué pierdes? ¿Por qué rechazar una vez más esta invitación? ¿Por qué llevar el infierno en el corazón? No hace falta más que un acto: ese acto de humildad que nos doblega arrepentidos a los pies del sacerdote de Cristo: y Cristo volverá a levantarnos, en un abrazo de paz tan santo y consolador…


El texto completo de esta carta está disponible sólo en italiano.