Se ha dicho sobre él

 

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El redescubrimiento y la revalorización de La Pira han proseguido con el pasar de los años. El 15 de marzo de 1994, al abrir la «Gran oración por Italia», Juan Pablo II celebra la misa con los obispos italianos sobre la tumba de san Pedro, y recuerda a los italianos que han escrito la historia. Por sorpresa, cita también a dos políticos del siglo XX: «Cuando, después de la II Guerra Mundial, se delineó el programa para reconstruir Europa, en él jugaron un papel importante dos cristianos como Alcide De Gasperi y esa figura carismática que fue el alcalde de Florencia, Giorgio La Pira». En el año 2000, el Jubileo de los Gobernantes se celebra el 5 de noviembre (aniversario de la muerte de La Pira: una elección nada fortuita). Como título de la jornada se elige una frase de La Pira pronunciada durante el último Año Santo de su vida (1975): «Nuestra participación en al Año Santo no es un acto de piedad, sino un hecho político, porque ha de contribuir a que el plan de Dios se cumpla en la historia».

El 9 de enero de 2004 el presidente de la República italiana Carlo Azeglio Ciampi confiere a La Pira la Medalla de Oro al Mérito Civil, y el 25 de febrero se inaugura un busto suyo en Montecitorio. El mundo de la política, que tantas veces le había cerrado las puertas, hoy lo celebra y lo recuerda. Un admisión, si bien tardía, de que la búsqueda de la santidad no le impidió a Giorgio La Pira ser un gran hombre político.

Su amigo Giuseppe Dossetti, que se había hecho monje después de haber compartido con La Pira muchas batallas políticas, hizo una hermosa reconstrucción de su vida y de su pensamiento al cumplirse diez años de su muerte. El papel de La Pira en la caída del régimen soviético y en el regreso de la libertad religiosa en Rusia fue reconocido por el ex presidente soviético Mijaíl Gorbachov.