Pino Arpioni

Ya desde muy joven es un miembro activo de las Juventudes Italianas de Acción Católica (GIAC, en sus siglas en italiano) en Empoli, su ciudad natal, para luego convertirse en presidente diocesano y delegado regional de las mismas. En sintonía con Carlo Carretto y Mario Rossi, presidentes centrales de las GIAC, se compromete para renovar el papel formativo de Acción Católica (AC) hasta que sus diferencias con el presidente nacional, Luigi Gedda, lo obligan a dejar el cargo.
Durante sus primeros años de actividad en AC tiene ocasión de conocer a Giorgio La Pira el cual, a petición del cardenal Dalla Costa, llevaba a cabo su apostolado especialmente en la zona de Empoli, considerada «difícil» para la Iglesia.
Durante su trágica experiencia en los campos de concentración nazis, madura la decisión de dedicar toda su vida exclusivamente a la educación religiosa y cívica de los jóvenes como única manera concreta para evitar que se repitan las atrocidades de la guerra y de los campos de exterminio.
ImageCon este objetivo, a partir de los primeros años de la década de los 50, funda la Opera Villaggi per la Gioventù (hoy rebautizada como Opera per la Gioventù Giorgio La Pira) y crea los «Villaggi» de Castiglion della Pescaia y de Pian degli Ontani y la Casa Alpina del Valle de Aosta, donde cada año centenares de jóvenes pasan periodos de vacaciones en los que el entretenimiento se integra con actividades formativas, de estudio, de oración y de puesta en común. Al mismo tiempo funda en Florencia la «Casa Gioventù», que acoge a estudiantes universitarios que no pueden permitirse económicamente un alojamiento.
En 1951 participa en la difícil campaña electoral para las elecciones administrativas de Florencia, presentándose como candidato en la lista de DC liderada por La Pira, y es elegido en el Consejo Municipal. La Pira, elegido como alcalde, le confía uno de los sectores más críticos del momento, es decir la gestión de los «Cantieri di Lavoro» para los desempleados. Como parte de su cargo, Arpioni tiene que hacer frente a una realidad de más de 3000 desempleados y demuestra tener una gran capacidad para organizar y realizar, así como una fuerte sensibilidad hacia los más débiles.
Elegido en el Consejo Municipal cuatro veces, siempre en estrecha sintonía con la línea política de La Pira, desempeña el cargo de concejal de Trabajo y de Personal. Su colaboración con La Pira continuará aun después de que éste deje de ser alcalde.
Precisamente la «Casa Gioventù» se convertirá, a partir de 1970, en la casa de La Pira, que vivirá en ella los últimos años de su vida compartiendo sufrimientos y esperanzas con Pino y sus «muchachos».
Tras la muerte de La Pira, a través de la Opera per la Gioventù (que ya desde principios de los años 60 acogía en la casa a estudiantes de otras partes del mundo, empezando por Oriente Medio), Arpioni continúa con la acción de La Pira a favor del diálogo religioso y político: encuentros ecuménicos con anglicanos y ortodoxos, viajes, campos internacionales, etc. La validez de las intuiciones y de las realizaciones de Pino Arpioni queda demostrada por la vitalidad de la Opera per la Gioventù aun después de su muerte en 2003.
La suya sería una vida totalmente iluminada por la fe cristiana, el compromiso a favor de los jóvenes y el amor por la Iglesia.