La Pira y Dalla Costa

 

 

La Pira conoce a Dalla Costa durante sus primeros años de permanencia en Florencia. Siente hacia esta figura carismática una especial estima y veneración. Estima que es ampliamente correspondida. Durante largas temporadas La Pira va a casa del cardenal cada noche, comparten una cena frugal e intercambian intenciones y apreciaciones sobre lo que ocurre en Florencia y en el mundo. De él aprende La Pira el único modo de interpretar la historia presente a través de la lectura de la Biblia. 

ImageEn 1951 La Pira acepta la candidatura a la alcaldía de Florencia gracias entre otras cosas a la insistencia de Dalla Costa. 

En las elecciones de 1956 La Pira, una vez más candidato a máximo representante de la ciudad, logra un gran éxito personal y Dalla Costa no duda en exponer en el boletín oficial de la diócesis los que para él son los motivos de dicho éxito. Entre otras cosas escribe: «Es innegable que una gran parte de la victoria electoral que se ha obtenido en Florencia se debe a Giorgio La Pira, que supo sacarle provecho a los consejos … y mantuvo con firmeza su programa perfectamente evangélico de llegar hasta los pobres; tuvo en cuenta las normas de la actual sociología cristiana; y durante su último discurso electoral no tuvo malas palabras para quienes habían tratado desesperadamente de conducirlo al fracaso. Sigue siendo cierto que se cosecha lo que se siembra. Es justo, necesario e instructivo considerar que el programa llevado a cabo por Giorgio La Pira fue el de Cristo y Su Iglesia. Para La Pira es un lugar común el precepto evangélico: el que tenga dos túnicas, ceda una al que no tiene ninguna. Y otro lugar común para La Pira es: ni despidos ni huelgas, como enseñan hoy la sociología y la moral cristiana».