La Misa de San Procolo

 

Así es cómo La Pira describe, en 1945, el nacimiento y las características de esta experiencia:

 

Es preciso decirlo enseguida: la raíz de la santa misa de los pobres en San Procolo y Badia fue un deseo profundo de «aventura» cristiana de fe y caridad que avivaba entonces –y todavía aviva‒ nuestra alma.

Nació de una necesidad de «desaburguesar» nuestro cristianismo. Y fueron un acicate y una guía para nosotros las palabras misteriosas de aquella parábola misteriosa: «Sal en seguida por las plazas y las calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, los inválidos, los ciegos y los cojos … y haz entrar a otros hasta que mi casa se llene».

Nos tomamos el Evangelio al pie de la letra. Fuimos al asilo público –¡recuerdo las impresiones de las primeras visitas entre aquella masa tan extraña de clientes del asilo!‒ y a las demás «plazas y calles» donde era posible encontrar a los amigos que buscábamos: conventos en los que se repartía sopa a la una del mediodía, comedores populares y demás. 

Una vez vencidas las inevitables dificultades que toda cosa nueva conlleva, nuestro proyecto se hizo realidad: un domingo de la primavera de 1934 unos cuarenta pobres –realmente los «últimos»: ¡ciegos, cojos!‒ estaban reunidos en la iglesia de San Procolo para participar en la santa misa. Durante el Evangelio se pronunciaron pocas palabras; luego, recitadas algunas oraciones, la misa terminó. 

Se llevó al altar una cesta con pan fresco: aquel pan fue bendecido, recitamos juntos un padrenuestro y se procedió a la repartición ordenadamente.

Salimos contentos, deseosos de repetir el experimento el domingo siguiente. Desde entonces aquella experiencia de fe y caridad cristianas, que ha crecido fuertemente, constituye la espera y el júbilo dominicales de muchos. 

De aquellos primeros cuarenta se han muerto casi todos, pero en su lugar más de 1500 almas se unen semanalmente para celebrar juntas el sacrificio del amor.

En las misas de San Procolo y de Badia se repite de alguna manera la primera experiencia cristiana: porque ricos y pobres, pudientes y no pudientes, forman una única familia; son como los primeros cristianos: cor unum et anima una. 

En 1942 la multitud de personas en San Procolo era ya tan densa que se hizo necesario recurrir a una iglesia mayor. Por eso nos pasamos a Badia, y en San Procolo se siguió celebrando la misa para las mujeres. 

Han pasado más de diez años: ¡cuánta experiencia de amor fraterno y de providencia santa en estos años transcurridos con tanta rapidez! ¡Nuestra Cajera, la Virgen, ha pagado considerables sumas que han llegado misteriosamente, sin buscarlas! Hemos vivido como los pájaros del aire: ¡de oración y de confianza! 

Y el de San Procolo se ha convertido en el nombre de una familia que recluta a sus miembros en todos los estratos sociales: desde los más humildes hasta los más altos. Nadie ha pasado por San Procolo o Badia sin haber recibido un provecho interior, porque durante la celebración de las santas misas, tanto en Badia como en San Procolo, las almas se ven tocadas realmente por el viento vivificador de la gracia de Cristo: una esperanza dulce despunta en todos los corazones.