La ciudad sobre el monte



                     ImageImage

En un célebre discurso pronunciado en Ginebra en 1954 sobre el «valor de las ciudades» La Pira reafirmó el derecho de las ciudades a sobrevivir y por lo tanto el deber de sus administradores de trabajar por la paz.

 

Durante los años de la Guerra Fría convocó en Florencia los Congresos por la Paz y la Civilización Cristiana y los Coloquios Mediterráneos. El punto de partida era lo inadecuado de resolver los conflictos mediante la guerra y la inevitabilidad de la negociación: la única estrategia posible para manejar la época de la descolonización y de la toma de conciencia de que los pueblos tienen un destino en común que es fundamental.

Formaron parte de esta estrategia los hermanamientos promovidos por La Pira, mediante los cuales se crearon vínculos entre Florencia y ciudades de todos los continentes: Reims, Fez, Kiev, Filadelfia… «Es preciso unir las ciudades para unir las naciones», decía. También organizó, en 1955, una asamblea de alcaldes de las capitales del mundo: Washington, Varsovia, Londres, París, Pequín, Moscú… Con su visita a Moscú en 1959 se convertiría en el primer político occidental no comunista en atravesar el «telón de acero»: una experiencia importante que lo llevó hasta el Kremlin, donde no tuvo reparos en sacar la cuestión del ateísmo de Estado. 

El de Moscú sería sólo uno de sus numerosos viajes con el objetivo de derribar muros y construir puentes, coherentemente con su hipótesis de fondo (histórica y teológica) de la unidad de la familia humana. Uno de los más delicados fue el de Vietnam, del que regresaría con una oferta de negociación que habría podido evitar años de inútil y sangrienta guerra. Otros viajes importantes que realizó fueron los de Oriente Medio. Como él decía: no podrá haber paz en el mundo hasta que no haya paz entre cristianos, judíos y musulmanes, la que llamaba la «triple familia de Abraham».