Establecer el orden, las reglas y las finalidades de la economía

 

 



Rev. don Sturzo:

Haría falta que pasara por la experiencia –¡pero la de verdad!‒ por la que le toca pasar al alcalde de una ciudad de 400.000 habitantes con la siguiente «historia clínica»: 10.000 desempleados […]; una gran empresa que desde hace cuatro meses se está viniendo abajo (Richard Ginori con 950 despidos); por suerte no hablamos de la Pignone; otras empresas en las que se están produciendo despidos (Manetti & Roberts) o con la «tentación» de despedir (¡no digo los nombres para no perturbar!) […].

[…] ¿Intervención «estatalista»? Llámelo como quiera: las etiquetas cuentan poco. Se tiene que intervenir; «intervenir» es la única norma de toda la moral cristiana y humana: bajar del caballo, cuidar del herido –aunque sea un enemigo‒ y, si es necesario, pagar los gastos también. 

Y entonces: ¿a que se espera para establecer –sin, por ello, «estatalizarla»‒ el orden, las reglas y las finalidades de toda la economía italiana, orientándola hacia esa «estabilidad» que es la meta ya alcanzada por todas las economías sanas? ¿A qué se espera para crear los instrumentos adecuados para una economía capaz de hacer frente a la coyuntura y de alcanzar el pleno empleo?

(G. La Pira a L. Sturzo, 20/05/1954)


[...] la economía, con todas sus estructuras técnicas y financieras, es un medio y no un fin: ¡el fin es asegurar a los hombres –valor de la persona‒ un trabajo, una dignidad, un pan!

(G. La Pira a Angelo Costa, 23/11/1953)


[...] Usted lo sabe, todo se resume en Cristo: ¡incluida la economía! O mejor, ¡mucho más la economía, que se inserta –a través de la demanda del pan cotidiano‒ en la misma intimidad de la paternidad divina!

(G. La Pira a Angelo Costa, 30/04/1954)