Enrico Mattei

 

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Enrico Mattei (1906-1962) es una figura clave del panorama político de la posguerra: partisano durante la guerra de liberación, una vez acabada la misma se convierte en comisario extraordinario de AGIP, con el encargo de liquidar esta empresa estatal creada por los fascistas y en plena quiebra. 
Mattei inaugura una política económica nueva y un nuevo tipo de relaciones con los países productores de petróleo, lo que lleva a un fuerte desarrollo de la industria. Declara: «La política del monopolio americano se ha terminado. Las nuevas realidades políticas de los países productores de petróleo hacen posible un nuevo sistema, basado en acuerdos directos entre los países productores y los países consumidores de petróleo». Murió en un accidente de avión cuyas causas siguen siendo oscuras. 
La amistad entre La Pira y Mattei fue siempre estrecha: desde la intervención por la fábrica Pignone hasta la acción en común de cara a los países de la orilla sur del Mediterráneo. 
Después de la trágica muerte de Mattei (en muchos aspectos todavía sin aclarar completamente), La Pira quiso celebrar un solemne acto de conmemoración en Florencia. En aquella ocasión pronunció un discurso que, de alguna manera, sintetiza la «filosofía» de su acción paralela:


Las relaciones entre Mattei y Florencia hay que verlas en este contexto histórico, en esta perspectiva histórica; porque justamente en Florencia tuvieron lugar los «encuentros» determinantes (el primero y el último) de «su» política: fue aquí, de hecho, donde se encontró con Mohamed V en 1957 (el primer encuentro determinante de su «política mediterránea») y aquí donde se encontró el 4 de octubre de este año de 1962 con Senghor. Y ese fue el último encuentro de Mattei: la cubierta, por así decir, de un gran edificio que tiene sus cimientos en todos los continentes […].
Ya fuera a Pequín (por los fosfatos de Rávena) o a Moscú (por los tubos de la Pignone), a Persia o a El Cairo (para llevar ayuda y esperanza concretas al pueblo egipcio y a todos los pueblos árabes en el momento más dramático e incierto de su historia, en 1957), a Rabat o Argel (cuánta esperanza concreta para el pueblo argelino), a América Latina, África o India, Florencia siempre fue su punto de referencia ideal a nivel histórico, político y económico.


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