El derecho al trabajo


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Para La Pira el derecho al trabajo es, desde un punto de vista social, uno de los derechos de ciudadanía fundamentales, planteados en la Constitución como la base de la comunidad civil. Desde un punto de vista económico (siguiendo la escuela de Keynes), es central para estimular de forma sana la productividad («el desempleo masivo provoca una circulación monetaria sin un equivalente de producción y, por este motivo, causa inflación», escribe en «La defensa de la pobre gente»).

Por último, desde un punto de vista moral y religioso es un imperativo categórico («Si yo soy un hombre de Estado mi no al desempleo y a la necesidad no puede significar más que esto: que el objetivo de mi política económica ha de ser la ocupación de los trabajadores y la eliminación de la miseria. ¡Está claro! Ninguna engañosa objeción sacada de las llamadas “leyes económicas” puede hacer que me desvíe de este fin»).

Y a De Gasperi, que lo acusaba de hacerle el juego a los comunistas con su toma de posición al lado de los trabajadores, le contesta: «El juego a los comunistas se lo hacen todos aquellos –operadores económicos y hombres políticos‒ que ignorando el carácter sagrado y de urgencia del pan cotidiano (conseguido con el trabajo) sumen a los débiles en la desesperación y en la desconfianza radical».

La Pira se encontró en numerosas ocasiones teniendo que hacer frente a situaciones en las que la defensa de estos derechos se topaba con tremendos obstáculos (ver también Justicia social). El caso Pignone es el más emblemático.