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El Concilio , nuevo Pentecostés (1962)


 

Justo antes de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, La Pira escribe una carta circular a los monasterios de clausura en la que subraya todas las características de novedad «revolucionaria» que el concilio se dispone a llevar a la Iglesia:

[…] asistirán los obispos (es decir, las Iglesias, o lo que es lo mismo los pueblos, las naciones y las civilizaciones) de todos los continentes (por primera vez, en un cierto sentido, en la historia de la Iglesia y de los concilios); asistirán los «observadores» (partícipes a su vez del mismo misterio de Cristo) de las Iglesias separadas de Oriente y Occidente; asistirán (como se dice) los «observadores» de Israel […]; quién sabe, tal vez también los «observadores» de Ismael; […] ¡y de todas las naciones!

[…] Un concilio por primera vez «abierto» al cosmos (a los inmensos espacios celestes que la ciencia y la técnica ?¡obedeciendo a una orden de Dios!? han abierto al crecimiento espiritual y cívico de los pueblos); un concilio (por primera vez, ¡qué acontecimiento!) «abierto» en la dirección «profética» paulina, de Israel (y de Ismael); «abierto» hacia todos los espacios (¡tan amplios!) ocupados por los pueblos y las naciones de todos los continentes, que en estos años han subido –como se dice– al «proscenio» de la historia y están destinados a convertirse, de una cierta manera, ¡en los actores más vivos de la historia presente y futura de la Iglesia y del mundo!

Un concilio «abierto» –para separar el grano de la paja? a todas y cada una de las corrientes de pensamiento «social» (en el sentido más amplio del término) más activas, que atraviesan los pueblos de toda la tierra y que tienen y tendrán una influencia tan decisiva para la edificación –desde la justicia, la esperanza, el progreso y la libertad? de una ciencia, una cultura, una economía y una sociedad nuevas [...].

Reverenda Madre, ¡todavía no alcanzamos a «pensar», a darnos cuenta lo suficiente de las desmesuradas «dimensiones» sobrenaturales e históricas que reserva el Señor a este concilio!


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