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Cartas al Carmelo - Arder de amor por El


 

Florencia, fiesta de los Estigmas de San Francisco [17 de septiembre] de 1935


Reverenda Madre:

¡Que el adorable Corazón de Jesús y el Corazón inmaculado de María viertan sobre usted, la Rda. Madre Priora y toda la comunidad el océano inefable de la gracia celeste! ¡Que todo el monasterio de S. Maddalena sea realmente un incendio santo de caridad!

¡Qué necesario es esto en los tiempos que corren! Que se multiplique desmesuradamente el número de almas que se entregan a Jesús, para que este calor divino pueda calentar a esa parte tan grande de la humanidad que está lejos de Dios.

¡Es necesario volver a anunciar urgentemente al mundo los tesoros de amor que el Señor bendito vino a infundir en nuestros corazones! Créame, con todo el tiempo que ha pasado desde la llegada del Señor a la tierra, ¡todavía muchas almas ignoran este dulce misterio de amor, de salvación!

Así pues, ¿cómo debemos actuar para que resuene en la tierra este anuncio celeste? La mayoría de las almas están distraídas; ¿cómo van a poder entender el tan suave reclamo del Espíritu Santo, que habla tan sólo a los puros de corazón y a las mentes recogidas? Sólo nos queda un gran medio: aumentar nuestro fervor interior, convertirnos en una unidad cada vez más consumada con Jesús: trahe me post te curremus in odorem unguentorum tuorum. Entreguémonos al menos nosotros por entero al Amor: ¡hagamos que nuestro corazón sea de una hospitalidad santa; que sea un verdadero claustro donde el Señor encuentre sus delicias; un incensario virginal con perfumes verdaderamente celestes, deseos muy ardientes, llamaradas de caridad!

Unam petii a Domino hanc requiram ut inhabitem in domo Domini omnibus diebus vitae meae. 

Rda. Madre, que nuestro corazón sea como el Corazón tan dulce de María: un cofre santo donde depositar y contemplar las perlas de la palabra divina.

¡Qué hermoso cuando podamos decir de verdad con el corazón rebosante de viva ternura: Señor y Dios mío!

Criaturas de Dios, templos de Dios, hijos del Paraíso: eso es lo que queremos ser. Que no albergue nuestra alma un único pensamiento y un único afecto terrenal, sino que todo nuestro ser esté inmerso en la divina belleza, en los silencios santos, en la contemplación: ¡amantes de la cruz de Jesús! ¡Maria meliorem partem elegit quae non auferetur ab ea!

Que Dios nos conceda también a los que vivimos en el mundo esta inmersión total en la adoración y el silencio: ¡que nos esconda profundamente en el Corazón traspasado de Jesús! Sólo con esta condición podremos preservarnos según Su voluntad: ¡como criaturas Suyas, almas consagradas, portadores de luz, anunciadores virginales de Jesús! Así pues, Rda. Madre, continúe y haga que se continúe con las grandes oraciones para todos nosotros. Démonos la mano, sostengámonos fuertemente: con las fuerzas unidas, con el ojo interior dirigido intensamente hacia el Señor, bajo la dulce mirada de la Virgen, para poder propagar por el mundo el dulce anuncio del Señor.

Que recen de manera especial por un curso de ejercicios para jóvenes que se celebrará del 30 de octubre al 3 de noviembre; y por otro día de retiro que tendrá lugar hacia finales de septiembre. Recuerdos a la Rda. Madre Priora y a sus bondadosas hermanas. Rece mucho por mí, dígale al Señor que no tengo más que un deseo: ¡arder sin interrupción, día y noche, de amor por Él! 

Ya que es tan poco amado, ¿por qué no compensarlo nosotros? ¡Amar al Amor no amado! ¿No es este el ideal de santa María Magdalena de Pazzi? 

Suyo en el Señor, 

La Pira